sábado, 22 de enero de 2011
Leído y llorado
Leyó por costumbre, con los ojos pero no con la mirada, ambos mensajes, el que avisa que hay un chaleco salvavidas debajo del asiento y el que recomienda mantener abrochado el cinturón durante el vuelo. Los había leído tantas veces que su cerebro registraba su significado en un lugar inaccesible a su conscienca. No obstante, en ese lugar inaccesible, dominado sin duda por neuronas que no pudieron encontrar un mejor empleo, al recibir las frases las metieron a la trituradora con cierta indolencia burocrática. Las palabras saltaron, hicieron ruido y se disolvieron dentro de la trituradora, excepto dos de ellas, la primera de cada oración (Lifevest y Fasten) que, por ser las últimas en entrar en el hueco de las aspas, en vez de caer al desprenderse de las otras salieron volando por la ventana de aquel recinto y cayeron dentro del cubo de los recuerdos imprecisos sin que nadie lo hubiese notado. De allí, alguien las tomó y trató de ponerlas a salvo del olvido. Como es lógico suponer, la mujer notó de pronto esas palabras, que le parecían hermosos recuerdos de una vida casi enteramente olvidada, las dijo en voz alta, mejor dicho, en un tierno susurro, como tratando de recordar su significado con el corazón: Lifevest... Fasten... y cuando pronunció esta última, no pudo evitar soltar un par de lágrimas sin lograr comprender aquello que le estaba ocurriendo.
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