jueves, 26 de noviembre de 2009
La noche en que conversaron
Alguien, quizá su hija que había estado jugando en la sala el día anterior, con los codos contra el paso de mesa tejido de la mesita de centro, había volteado su fotografía. Lo notó quién sabe por qué. Alguien, dentro de nosotros, escudriña desde el rabo del ojo izquierdo los alrededores en busca de manchas y luces movedizas o de objetos colocados de manera siniestra, tal vez se trate de un recurso de supervivencia de cuando vivíamos entre los árboles. La cosa es que había notado que el portarretrato estaba mirando hacia otra parte mientras se servía una copa de Oporto. ¿Quién, mientras trasvasa delicadamente un líquido o manipula objetos frágiles, se da cuenta de que algo en la habitación ha cambiado? Ella lo notó. Caminó hacia la mesita de centro, de paso se descalzó antes de pisar el tapete, encendió la lamparita de leer y se quitó el prendedor. Cuando tuvo a su alcance las fotografías de la mesita de centro comenzó a voltearlas una a una, como si los fotografiados estuvieran sostiendo una silenciosa conversación en círculo, al rededor del florerito central.
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