domingo, 20 de diciembre de 2009

La exposición

Aquel fin de semana Hilda y yo fuimos a ver
el departamento de exhibición.
La demostradora parecía un robot japonés,
cordial, amable, respetuosa, avispada,
fruto de jóvenes cerebros que se habían
asegurado de dar a la semilla el mejor abono:
entrenamiento en el arte de la asepsia.

Nos explicaba dimensiones, materiales,
posibilidades y costos sin hacernos sentir
ignorantes o secundarios, más que un lugar
donde vivir nos estaba vendiendo un adminículo,
pero de pronto, en medio del blanco salón
dejó caer una mancha: la palabra guillotina,
que de inmediato nos llamó la atención.

Las ventanas son de guillontina, dijo.
No pudimos pensar en otra cosa en todo el día,
la idea de comprar un departamento
con ventanas de guillotina
nos incomodaba infantilmente,
nos hacía sentir culpables, irresponsables,
ignorantes, secundarios, peligrosos.

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